Imágenes y Relatos

Mi tormenta


Silencio, quietud
Un fuerte viento
Una fuerte lluvia
Truenos, relámpagos

Para mi vida
Para mi furia
Para mí

Que exprese lo que siento
Que exprese lo que soy
Que exprese mi poder
Que exprese mi destrucción

Que me libere

Que me calme



Fuerte



Suficientemente fuerte para que la muerte no gane;
Fuerte para imponer vida.

Suficientemente fuerte para afrontar todas las tormentas;
Fuerte para seguir a paso firme.

Suficientemente fuerte para transformar los intentos de golpes;
Fuerte para aprender.

Suficientemente fuerte para que no duelan las rodillas ensangrentadas;
Fuerte porque siempre de pie.

Suficientemente fuerte para esperar;
Fuerte porque se quién soy.


Atracción Siniestra


Era una tarde de otoño. Había salido a caminar; el atardecer ya estaba avanzado, medio oscuro, con algunas tonalidades naranjas.
Caminaba por una calle, usualmente era bastante transitada, en ese momento no circulaba ni un solo auto. Me empecé a sentir observada. Miré para todos lados, pero no ví a nadie, la adrenalina empezaba a circular por mis venas, las pulsaciones se aceleraban. Mi cuerpo se pusó en tensión para una rápida reacción de defensa.
Me dí vuelta y me encuentré con una persona, ya no recuerdo cómo estaba vestida, sólo recuerdo que mis ojos encontraron lo suyos. En ese mismo instante supe que algo andaba muy mal. No era del todo humano, no había algo extraño que me dijese que no lo era, sólo lo sentía, pero estaba absolutamente segura de que no lo era. Me miraba fijamente, caminando de una forma sinuosa, lenta y segura. Había altivez en la mirada, seguridad; él se sabía superior a mí. Revelaba soberbia, astucia e inteligencia. Su rostro no expresaba emoción alguna, nada de él expresaba ninguna emoción.
Una parte de mi mente decía de debía correr, huir; que era un ser siniestro. Pero esa mirada fría, penetrante, me sedujo y no podía dejar de mirar esos ojos. Mi mente luchaba para salir del encantamiento pero volvía a mirarlo a los ojos, creciendo el temor y la fascinación al mismo tiempo, en igual intensidad.
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Ahí estoy


Ahí estoy yo, sentada al borde de un abismo de hielo. 
No soy una suicida, pero el abismo me hipnotiza. 
Me da, por lo menos, vértigo.
Me siento, me acuesto al borde.
Una mezcla de adrenalina y de letargo.
Mi lugar es ese.



BOMBARDEO SOBRE DRESDEN


Primer relato



Había bloqueado casi todo lo sucedido de forma, creía, inconsciente. Seguí con la vida, por mí que había sobrevivido pero también por mis compañeros. Era para mí la mejor forma de homenajearlos.
Hoy día tengo una familia, una esposa, tres hijos y  cuatro nietos. Justamente fue un día de julio hace como una década atrás cuando uno de mis nietos estaba jugando con unos “ladrillos” para chicos de una marca conocida, mientras yo estaba con una llamada de un colega de mi antiguo trabajo. Hablaba caminando, me estaba riendo, distendido y distraído, cuando sin querer pateo la construcción del niño.
Automáticamente comenzó a llorar, colgué la llamada para pedirle disculpas y ayudarlo a reconstruir nuevamente. Pero fue ahí, entre la elección de mi mente de la palabra “reconstrucción”,  la forma como quedaron desparramados los ladrillos de plástico sobre el parquet y mi visión desde arriba. Primero comenzó a temblar mi mano, luego me quedé duro y pálido mirando. Mi nieto notó que algo me sucedía porque había dejado de llorar y llamo a mi esposa, su abuela.  En el ínterin me vinieron todas las imágenes del recorrido que hice con el avión sobre la ciudad de Dresden destruida. 

Segundo Relato



Salí cuando me encontraron un grupo de personas llenas de polvo, a las que casi no reconocí. Encontrar una persona viva, luego me di cuenta, era de una extraña alegría; pero esos en los pocos momentos que llenaban levemente de vitalidad necesaria para continuar con las labores.
En cuanto pisé fuera, después de la segunda tanda de bombas, era como despertar de un sueño profundo donde uno tarda un poco en enfocar donde se encuentra. Para mí no era mi ciudad, no la reconocía en sus fachadas, hasta me costó ubicar cual era la calle.
Poco después me uní a los demás, primero en las búsquedas (ya que de enfermería no tenía conocimientos) luego pasé a las tareas de higiene… había que comenzar rápidamente a recolectar cuerpos o la situación podía volverse aún peor. En filas los cadáveres completos y en pilas los incompletos e irreconocibles.

Tercer Relato - Es mía



Ay!
La sangre corre de mi mano, me corté con profundidad.
Han pasado varios días desde la última bomba. Aún hay algo de ese extraño humo, de ese extraño olor a carne quemada.
Solo uno de mis vecinos está vivo, un niño de 7 años. Él había salido de su refugio antes que yo. De casualidad, me contó, vió como alguien intentó ayudar a un “humeante”, pero comenzó a quemarse ese también.
Donde hay humo, no se toca. Miles murieron en agonía pos bombardeo, sin poder hacer nada, solo ver ser consumidos.
Luego de ocuparnos de los cuerpos, comenzamos a limpiar ladrillo por ladrillo. Primero se rasparon mis manos, en poco tiempo ya tenía cayos. Paso todo el día en esa labor. Hace que no piense, que mi mente esté ocupada.
Recién me doy cuenta, pasé minutos mirando fijamente la herida, perdida.
Tomo de ese polvo que hay por todos lados. Cenizas de casas, de hogares, de negocios, de personas. Agarro más desde el suelo y apretó con fuerza, lastimándome más… queriendo aferrar eso a mí, junto al líquido que emana de mi mano.
Es mía


El jinete



Es el jinete. Creía que soló era un cuento para asustar a los niños. Estoy a unos 50 metros. Tengo miedo pero curiosidad. Quiero acercarme para ver mejor, pero la sorpresa y el temor son más fuertes que me dejan plantando en el piso.


Es imponente, majestuoso, sobrecogedor.

El caballo cabrea un poco, siente algo. ¿Sera que me siente a mi?

Logro mover mis pies un poco, acércarme lentamente. ¡Qué locura! Nunca me había pasado algo asi, mi corazón late fuertemente.

Me sintió, lo se, miro hacia donde estaba.

Salgo corriendo, siento las pisadas y la respiración del caballo. Corro lo más rápido que puedo por el bosque, las ramas golpean mi cara y mis brazos.

Se acerca rápidamente.

Escucho un ruido metálico, siento un frío en el cuello.

La cabeza rodó por el pasto y las hojas. El cuerpo le siguió.
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