sábado, 17 de octubre de 2015

Atracción Siniestra


Era una tarde de otoño. Había salido a caminar; el atardecer ya estaba avanzado, medio oscuro, con algunas tonalidades naranjas.
Caminaba por una calle, usualmente era bastante transitada, en ese momento no circulaba ni un solo auto. Me empecé a sentir observada. Miré para todos lados, pero no ví a nadie, la adrenalina empezaba a circular por mis venas, las pulsaciones se aceleraban. Mi cuerpo se pusó en tensión para una rápida reacción de defensa.
Me dí vuelta y me encuentré con una persona, ya no recuerdo cómo estaba vestida, sólo recuerdo que mis ojos encontraron lo suyos. En ese mismo instante supe que algo andaba muy mal. No era del todo humano, no había algo extraño que me dijese que no lo era, sólo lo sentía, pero estaba absolutamente segura de que no lo era. Me miraba fijamente, caminando de una forma sinuosa, lenta y segura. Había altivez en la mirada, seguridad; él se sabía superior a mí. Revelaba soberbia, astucia e inteligencia. Su rostro no expresaba emoción alguna, nada de él expresaba ninguna emoción.
Una parte de mi mente decía de debía correr, huir; que era un ser siniestro. Pero esa mirada fría, penetrante, me sedujo y no podía dejar de mirar esos ojos. Mi mente luchaba para salir del encantamiento pero volvía a mirarlo a los ojos, creciendo el temor y la fascinación al mismo tiempo, en igual intensidad.
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