miércoles, 27 de enero de 2016
viernes, 22 de enero de 2016
martes, 19 de enero de 2016
lunes, 19 de octubre de 2015
Mi tormenta
Silencio, quietud
Un fuerte viento
Una fuerte lluvia
Truenos, relámpagos
Para mi vida
Para mi furia
Para mí
Que exprese lo que siento
Que exprese lo que soy
Que exprese mi poder
Que exprese mi destrucción
Que me libere
Que me calme
sábado, 17 de octubre de 2015
Fuerte
Suficientemente fuerte para que la muerte no gane;
Fuerte para imponer vida.
Suficientemente fuerte para afrontar todas las tormentas;
Fuerte para seguir a paso firme.
Suficientemente fuerte para transformar los intentos de golpes;
Fuerte para aprender.
Suficientemente fuerte para que no duelan las rodillas ensangrentadas;
Fuerte porque siempre de pie.
Suficientemente fuerte para esperar;
Fuerte porque se quién soy.
Atracción Siniestra
Era una tarde de otoño. Había salido a caminar; el atardecer ya estaba avanzado, medio oscuro, con algunas tonalidades naranjas.
Caminaba por una calle, usualmente era bastante transitada, en ese momento no circulaba ni un solo auto. Me empecé a sentir observada. Miré para todos lados, pero no ví a nadie, la adrenalina empezaba a circular por mis venas, las pulsaciones se aceleraban. Mi cuerpo se pusó en tensión para una rápida reacción de defensa.
Me dí vuelta y me encuentré con una persona, ya no recuerdo cómo estaba vestida, sólo recuerdo que mis ojos encontraron lo suyos. En ese mismo instante supe que algo andaba muy mal. No era del todo humano, no había algo extraño que me dijese que no lo era, sólo lo sentía, pero estaba absolutamente segura de que no lo era. Me miraba fijamente, caminando de una forma sinuosa, lenta y segura. Había altivez en la mirada, seguridad; él se sabía superior a mí. Revelaba soberbia, astucia e inteligencia. Su rostro no expresaba emoción alguna, nada de él expresaba ninguna emoción.
Una parte de mi mente decía de debía correr, huir; que era un ser siniestro. Pero esa mirada fría, penetrante, me sedujo y no podía dejar de mirar esos ojos. Mi mente luchaba para salir del encantamiento pero volvía a mirarlo a los ojos, creciendo el temor y la fascinación al mismo tiempo, en igual intensidad.
viernes, 16 de octubre de 2015
Ahí estoy
Ahí estoy yo,
Sentada al borde de un abismo de hielo.
No soy una suicida, pero el abismo me hipnotiza.
Me da, por lo menos, vértigo.
Me siento, me acuesto al borde.
Una mezcla de adrenalina y de letargo.
Mi lugar es ese.
domingo, 1 de marzo de 2015
Historias - Bombardeo Sobre Dresden
Ay!
La sangre corre de mi mano, me
corté con profundidad.
Han pasado varios días desde la
última bomba. Aún hay algo de ese extraño humo, de ese extraño olor a carne
quemada.
Solo uno de mis vecinos está
vivo, un niño de 7 años. Él había salido de su refugio antes que yo. De
casualidad, me contó, vió como alguien intentó ayudar a un “humeante”, pero
comenzó a quemarse ese también.
Donde hay humo, no se toca. Miles
murieron en agonía pos bombardeo, sin poder hacer nada, solo ver ser
consumidos.
Luego de ocuparnos de los
cuerpos, comenzamos a limpiar ladrillo por ladrillo. Primero se rasparon mis
manos, en poco tiempo ya tenía cayos. Paso todo el día en esa labor. Hace que
no piense, que mi mente esté ocupada.
Recién me doy cuenta, pasé
minutos mirando fijamente la herida, perdida.
Tomo de ese polvo que hay por
todos lados. Cenizas de casas, de hogares, de negocios, de personas. Agarro más
desde el suelo y apretó con fuerza, lastimándome más… queriendo aferrar eso a
mí, junto al líquido que emana de mi mano.
Es mía.
Salí cuando me encontraron un grupo de personas llenas de
polvo, a las que casi no reconocí. Encontrar una persona viva, luego me di
cuenta, era de una extraña alegría; pero esos en los pocos momentos que
llenaban levemente de vitalidad necesaria para continuar con las labores.
En cuanto pisé fuera, después de la segunda tanda de bombas,
era como despertar de un sueño profundo donde uno tarda un poco en enfocar
donde se encuentra. Para mí no era mi ciudad, no la reconocía en sus fachadas,
hasta me costó ubicar cual era la calle.
Poco después me uní a los demás, primero en las búsquedas
(ya que de enfermería no tenía conocimientos) luego pasé a las tareas de
higiene… había que comenzar rápidamente a recolectar cuerpos o la situación
podía volverse aún peor. En filas los cadáveres completos y en pilas los
incompletos e irreconocibles.
Había bloqueado casi todo lo
sucedido de forma, creía, inconsciente. Seguí con la vida, por mí que había
sobrevivido pero también por mis compañeros. Era para mí la mejor forma de
homenajearlos.
Hoy día tengo una familia, una
esposa, tres hijos y cuatro nietos.
Justamente fue un día de julio hace como una década atrás cuando uno de mis
nietos estaba jugando con unos “ladrillos” para chicos de una marca conocida,
mientras yo estaba con una llamada de un colega de mi antiguo trabajo. Hablaba
caminando, me estaba riendo, distendido y distraído, cuando sin querer pateo la
construcción del niño.
Automáticamente comenzó a llorar,
colgué la llamada para pedirle disculpas y ayudarlo a reconstruir nuevamente.
Pero fue ahí, entre la elección de mi mente de la palabra
“reconstrucción”, la forma como quedaron
desparramados los ladrillos de plástico sobre el parquet y mi visión desde
arriba. Primero comenzó a temblar mi mano, luego me quedé duro y pálido
mirando. Mi nieto notó que algo me sucedía porque había dejado de llorar y
llamo a mi esposa, su abuela. En el
ínterin me vinieron todas las imágenes del recorrido que hice con el avión
sobre la ciudad de Dresden destruida.
Ver serie completa aqui
martes, 17 de febrero de 2015
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