La experiencia simbólica es indudablemente de carácter subjetivo. Cada uno percibe en ella lo que puede, o lo que su capacidad le permite o necesita. A continuación, voy a dar un ejemplo de cómo sucede:
En la famosa escena de la obra de teatro Hamlet de Shakespeare; el protagonista, el príncipe Hamlet, va caminando en medio de la noche por el cementerio junto a su mejor y leal amigo Horacio, cuando notan que hay dos sepultureros trabajando en una fosa para enterrar el cuerpo de alguien noble, pero con una muerte deshonrosa. Entonces se acercan a ellos para hacer unas preguntas con una charla amena. En un momento dado el príncipe toma una calavera que tenía uno de los trabajadores, le pregunta este a quién le había pertenecido la calavera que estaba sosteniendo. El sepulturero le responde que había pertenecido al bufón del rey. Entonces Hamlet empezó a recordar cuando él era un niño y reía junto a ese bufón.

Fuente: "El mundo simbólico de las runas" Melanie Köhle
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